Kiyú, es mi paz !!


El día está muy gris, húmedo y agradable. 
La playa juega a las escondidas con la niebla.
Agradezco poder apreciarlo y llevarme esta energía, esta luz.
Hay reflejos de sol y aparece el arcoiris, y entonces me pregunto, ¿el arcoiris es el final o es el principio?
Creo que ambos.
Amo este silencio con el sonido suave de las olas como fondo, 
las veo deslizarse sobre la arena, 
sin detenerse, sin pedir permiso,
llegan y se van, luego llegan otras y la arena las recibe, las deja pasar, disfrutan, se divierten, la brisa las observa mientras la niebla, se confunde con el río.
Se oye el canto de una gaviota, no la veo, percibo su vuelo, sereno y tranquilo.
Más allá está el cielo, escondido, y ese leve reflejo de sol, que por momentos logra asomarse, a pesar de los intentos por superarlo de la niebla, él se las ingenia para acercarme su luz, su brillo, su inmensidad.
Y entonces me doy cuenta que todo es inmenso, y todo me rodea y me abraza, nada me pertenece y sin embargo está todo a mí alcance, sin límites, aunque no como posesión, sino como libertad.
Libertad de percibir, de sentir, de oler, como el aroma de los pinos, eucaliptos y acacias, acariciados por la leve llovizna que los moja y luego juegan a la lluvia, sobre el césped, cuando la brisa mueve sus hojas, dejándola caer en gotas, ¡si pasas por allí te mojas!, es un microclima lluvioso dentro de la inmensidad de grises.


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